Vestirse de talento nacional y latinoamericano de verdad llena de orgullo, es algo que alegra el corazón porque creo que el talento aquí es innegable. Ver las marcas de mis amigos, de diseñadores con los que trabajo y de conocidos en general produce una sonrisa. Reconocer como los diferentes talentos literalmente “la rompen” en otros países es algo para admirar lo nuestro. En mi trabajo, por ejemplo, es espectacular ver la cara de los artistas cuando les enseño las prendas que usarán en sus shows, photoshoots o videoclips, muchas veces ellos ni creen que sea made in Colombia.

Sin embargo, no sé si ustedes vieron, pero estos últimos días hubo mucho caos en las redes sociales al hablar de “vestirse colombiano” y es que lastimosamente el hablar de este tema genera un revuelto de sentimientos donde por un lado dices “que orgullo” pero por otro te bajas a una realidad que no está tan cool.

Y si, aquí va mi opinión. Más allá del copy xenófobo que tuvo revuelo en Instagram y Twitter, debo decir que al ver este tipo de campañas no me siento incluida en ellas y esto no es algo personal, si bien trabajo en la industria mi paso por esta siempre ha sido un poco extraño porque estoy, pero sé que a la vez no. Pero esto no se trata de mí, a lo que voy es que imagínense… si yo no me siento parte de esto ¿qué pasa con el gran porcentaje de los colombianos?

A veces al hablar de moda colombiana nos remontamos a esos momentos tropicalísimos y de caribbean chic donde tooooodas las campañas se basan en esta estética, dejando de lado una realidad, un gran público y una gran cantidad de marcas que también llegan a sentirse excluidas de una industria a la que sin duda pertenecen.

Debo aclarar que para mí aquí no hay culpables de nada, al contrario, me parece maravilloso que se resalte el talento local, pero, aunque hemos intentado que la moda se democratice cada día más esto aún no se logra del todo, la industria acá en Colombia sigue siendo para algunos.

Recuerdo que en algún momento me comentaron lo mucho que compraban colombiano y de verdad, de verdad amo que lo hagan porque de eso se trata, pero he recibido críticas porque en mi carrera yo no lo he hecho todo el tiempo y acá quiero aprovechar para decirles el porqué, si bien es algo personal quiero que entiendan desde mi experiencia tal vez a un montón de personas que se sentirán identificadas.

Mi primera razón obviamente es el dinero, ¿ahora compro más colombiano? Si. Para que sepan un poco más de mi debo confesarles que si bien trabajo en la industria, EN MI VIDA las prendas no son algo por lo que me muera por comprar, es decir, cuando yo recibo un pago quizá lo último que haga es comprarme ropa ¿por qué? Porque tengo otros planes con el dinero (y esto no está mal, tampoco está mal que ustedes si compren)

Ahora compro más moda colombiana irónicamente porque el Street wear se adapta más a mi límite de precios a la hora de comprar moda y trato de encontrar piezas casi coleccionables como la que les mostraré a continuación de Liberacci:

Mi segunda razón radica en que muchas veces no me siento identificada con ciertas estéticas y me cuesta enamorarme de algo, si ven mi primer punto yo compro cuando de verdad o lo necesito o porque ¡JUEMADRE ME ENCANTÓ! Si no, trato de ser muy racional a la hora de invertir en una prenda.

Estas dos razones son tan solo algo propio, algo mío, pero sé que no soy la única. Siempre he tratado de apoyar las marcas desde prensa, con artículos, con material y diferentes opciones que puedo aportar con mi trabajo y no me siento mal por ello, de verdad me llena el corazón hacerlo y agradezco que ellas confíen en mí.

Siguiendo con el tema debo la publicación generada por Lux Lancheros, donde demuestra que razones hay varias, demuestra como la exclusión inicia desde las mismas campañas top, desde las mismas personas, las mismas voces. ¿Será que los colombianos conocerían más sobre la industria si cambiamos las voces y la forma de decirlo? Me atrevería a decir que si, basta con ir a Twitter, Facebook e Instagram donde la gente literalmente ya está agotada de lo mismo.

 

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Termina #Colombiamoda2020 y la próxima semana haré un resumen con los tópicos más interesantes de la semana. Pero, más allá de las puestas en escena y experiencias, algunas con la calidad esperada, sigo teniendo esta sensación : Desde hace años se habla de inclusión y diversidad, incluso en colecciones de grandes retailers, pero esto solamente es una promesa vacía o mediocre en muchos de los casos. Lo pude ver con las dos colecciones para marcas masivas, que por demás, deberían revisar su sistema de tallaje, ya que este ha generado problemas de salud pública en el país . También con varios diseñadores de autor, que si bien saben cuál es su mercado, siguen mostrando la premisa de que un cuerpo gordo o grande debe ser castigado por no tener las medidas ni el fenotipo que nos ha impuesto Europa desde hace siglos. Si Colombia quiere ponerse a la cabeza en la región, no sólo debería estar pilas con lo tecnológico. La representación importa y no es meter etnias o cuerpos grandes para parecer diverso. Hay que serlo. Si bien hay marcas para tallas grandes, no entiendo por qué en un país donde el 56% de la población adulta tiene sobrepeso (ojo, no avalo la obesidad como un justificante médico, sino como objeto de estudio ante la nueva eugenesia en la pandemia y la discriminación que esto conlleva aún en la moda), las tallas son tan tiranicas, confusas y excluyentes, más cuando sí hay mercado que merece también sofisticacion y propuesta. Yo ya me he vestido de Colombia, pero con solo zapatos, accesorios, y ropa custom made. Pero estoy harta de vestirme de un nacionalismo que no ve sus raíces excluyentes y sus problemas de mercado y representación más acuciantes. Me cansé del conformismo imperante, pero sobre todo, de las propuestas que en pleno siglo XXI aún dan el sabor de que somos demasiado pobres, grandes y demasiado insuficientes para poder acercarnos a ellas. #Colombiamoda2020 #colombia #modacolombiana #fashion

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¿Qué pasa si hablamos de moda colombiana con diferentes perfiles? Hay voces muy buenas como lo sería por ejemplo una Nicole Amado a la hora de hablar de Street wear, una Gloria Saldarriaga para hablar de las piezas artísticas de los diseñadores, una Goyo para hablar del talento tropicalisimo, una Lays Balli que te encante con la pasión del mercado masivo, una Laura Agudelo que te reitere el poder de pensar en todos los cuerpos, en fin… creo que de esto se trata, más inclusión, ¡más voces unidas!

Repito para terminar, esto no es culpa de nadie, esto quizá lo hemos creado todos, sin embargo, creo que para hablar de moda colombiana a un público colombiano se deben replantear las voces que lo hacen.

Resta decir que digo esto con toooooooodo el amor del mundo, porque ya me conocen, soy sensibilidad pura con este tipo de temas y porque no quiero que más gente de la industria se aburra de ella, de verdad es mágica.

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